Semana 12 — Ajustes conceptuales y búsqueda de un lenguaje propio

Esta semana estuvo marcada por la preparación para la entrega del Módulo 3 y por un proceso intenso de revisión conceptual. A partir de las correcciones de los profesores entendí que mi propuesta para el habitar colaborativo estaba siendo demasiado literal. Me señalaron que no era necesario replicar físicamente el lugar del cual tomaba referencia, sino capturar su espacialidad, su lógica interna y su experiencia. Ese comentario fue clave, porque me empujó a replantear por completo el enfoque.

Fue en ese momento cuando empecé a mirar los invernaderos como una posible estrategia articuladora del proyecto. Me interesaban no solo por su imagen, sino por su sistema: el uso de marcos rígidos, la claridad estructural y la manera en que aprovechan la luz para generar ambientes agradables durante el invierno. Investigué cómo retienen calor, cómo funcionan como microclimas y cómo podrían servir para conectar distintas partes del programa.

A partir de esto desarrollé una nueva alternativa basada en viviendas-invernadero, aunque finalmente no terminó de convencer a la profesora. Aun así, identificó algo valioso: la idea tenía potencial, pero mi problema —como suele ser frecuente en mi proceso— es que intento mezclar demasiados lenguajes simultáneamente. Ese comentario me llevó a tomar una decisión importante: definir un único tipo de invernadero como punto de partida, el modelo ojival o gótico, más eficiente para contextos con sombra y menor radiación solar.
















En paralelo, también avancé en la maqueta del terreno. Elegí carton madera negro pensando que daría un acabado más limpio, pero el proceso fue más lento de lo esperado y el resultado no me dejó completamente conforme. Fue un aprendizaje práctico: no siempre la opción que parece más elegante es la más adecuada para la urgencia del trabajo.

Después de la entrega

Dentro de la misma semana entregamos el Módulo 3, y debo reconocer que el resultado no fue el que esperaba. A pesar de haber intentado construir las superficies arqueadas propias del invernadero, no logré articular un lenguaje coherente. Las piezas del proyecto se veían separadas, difíciles, como si cada parte hablara un idioma distinto. Fue una entrega dura, pero también honesta: evidencia mis vacíos y aquello que debo trabajar con más precisión.

Ahora, solo queda avanzar hacia comisión con más claridad y concentración. Esta semana me dejó una lección importante: experimentar es necesario, pero ordenar el lenguaje es esencial. Me quedo con esa idea como punto de partida para lo que viene.


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